por
Richard Seven
Seattle TimesUn frío viento de
primavera se abalanza a través del cementerio
Lake View de Capitol Hill, moviendo un sucio
trapo que Taky Kimura tiene en sus manos.
El tendero de
Seattle ha limpiado por todos los costados los
epitafios de las tumbas de Bruce y Brandon Lee, y
a ordenado todos los pendientes, flores, monedas,
conchas, piedras y corazones de papel que han
sido depositados en ellas en las últimas
semanas. Da un paso atrás y observa su labor,
apoyando su pierna izquierda en un banco de
piedra donde reza la siguiente inscripción:
"La clave de la inmortalidad es vivir
primero una vida que valga la pena
recordar".
Bruce Lee,
que sólo tenía 32 años cuando murió, es tan
recordado, tan inmortal, como siempre. Los
visitantes, algunos nacidos después de su
muerte, siguen dirigiéndose a la tumba del
artista marcial. Para Kimura es importante no
sólo que vengan, sino el "porqué" de
su visita. ¿Es esta una parada en algún tour de
cultura pop o vienen realmente inspirados?.
La
amistad, verdadera y duradera, es lo que mueve a
Kimura a venir aquí y ha pasado mucho tiempo de
su vida desde la muerte de Bruce cuidando no
sólo de su tumba, sino también de su legado.
Lee inspiró a Kimura a intentar vivir una vida
digna de ser recordada y Kimura, a cambio, está
haciendo lo que hacen los amigos.
Fue el
más intimo amigo de Lee, el padrino de su boda,
su primer instructor asistente de gung-fu, su
confidente hacia el final cuando Lee finalmente
alcanzó la fama que anhelaba pero que
desesperadamente se preguntaba en quién podía
confiar. Kimura fue uno de los porteadores que
llevó el ataúd de Lee a su tumba.
Kimura
continua con Lee incluso hoy en día, enseñando
su arte marcial y la filosofía subyacente para
que Lee siga siendo algo más que una figura de
acción de dibujos animados de las películas
antiguas. Kimura rechazó cobrar dinero cuando
dirigió el club de gung-fu de Lee en Seattle a
mediados de los 60 y hasta el día de hoy se
niega a cobrar.
Un hombre
alto y fuerte camina hacia la tumba,
inmediatamente este reconoce a Kimura gracias a
un documental sobre Lee realizado hace varios
años. Kimura no pierde el tiempo; le pregunta al
hombre porque ha venido.
La
pregunta desconcierta al visitante. Su cara se
transforma con tristeza. Balbucea y está
nervioso. Claramente hay una historia entera
detrás, pero finalmente sólo se dirige a la
lápida de Bruce y dice: "A presentar mis
respetos".
Kimura le
pregunta cuanto sabe acerca del arte marcial de
Lee, el Jeet Kune Do.
La
respuesta llega. El chico es un kick-boxer de 33
años que ha idolatrado a Lee desde que estaba en
tercero. Empieza con los aburridos datos sobre
Bruce Lee, sobre cómo la antigua serie de TV,
"Kung Fu" fue escrita con Lee en la
mente, pero de repente admite que está buscando
ayuda. Dice que ha hecho un montón de malas
elecciones y despertó sólo después de tener
una pistola del calibre 45 ante su cara. Está
ahora está buscando madurez y paz mental, dice,
a través de las artes marciales y más
concretamente a través del mensaje de Lee sobre
ser responsable hacia y para con uno mismo.
Kimura, de
74 años y canoso, y tan pequeño como era Bruce,
mira directamente al antiguo jugador
universitario de fútbol americano. Hace lo que
Bruce le hizo a él: Desafía al chico
respondiéndole en un tono de hombre a hombre:
"Estás diciéndome todo lo correcto, pero
ahora has de vivirlo o si no no tendrá sentido,
¿verdad?". El hombre afirma con la cabeza y
le pregunta si puede sentarse y charlar con
Kimura algún día o incluso quizás pudiese
entrenar en su club.
Hablan
más e intercambian nombres y números de
teléfono. El hombre hace una reverencia y se
marcha hacia su coche, entusiasmado por el
encuentro pero apenado por tener que marcharse.
Reaparece en menos de cinco minutos pidiendo más
consejos a Kimura. Pasan los siguientes 15
minutos parados a pocos pasos de la tumba de Lee,
Kimura hablando y el visitante luchando por
contener las lágrimas.
"Eso
ocurre bastante a menudo", dice después
Kimura. "Yo sólo se lo doy de un modo
directo como Bruce hacía. Yo no les ayudo. Bruce
lo hace".
Finalmente
Kimura le admite en su club de gung fu, pero
sólo después de asegurarse de que entiende que
hay más en el alma que el puño.
Cada lunes
desde que Bruce murió, Kimura ha abierto el
sótano de su tienda de comestibles en Fist Hill
y enseñado los principios de la primera
filosofía de las artes marciales de Bruce a un
grupo selecto de estudiantes. Los carritos de la
compra se alinean en una pared. Un altar de
pósters y fotografías de Lee se encuentran en
la otra. Hombres y mujeres de distinta silueta y
nivel se distribuyen a través del suelo y entre
las columnas de madera realizando ejercicios
calisténicos y de lucha. El lugar se llama Jun
Fan Gung Fu Club en memoria del nombre chino de
Lee.
Su belleza
es su simplicidad. No existen trajes elegantes ni
poses de machito. Es informal pero enfocado al
asunto. Aunque Kimura nunca se lo ha pedido, los
miembros del club salen fuera después de cada
sesión y limpian su aparcamiento.
Kimura
cobra 30$ al año, unos 60 centavos a la semana,
sólo lo suficiente para pagar los picnics del
club y los accesorios tales como los sacos para
golpear. Él no gana un céntimo. No se anuncia.
No desea la fama. No quiere campeones ni
vacilones.
"Entrevisto
a todo el que quiera formar parte de esto",
dice. "Si quieren ser campeones les digo que
no puedo ayudarles, pero si quieren compañerismo
y quizás ser mejores personas entonces puede que
tengamos algo para ellos".
Kimura
enseña aquello que Lee le enseñó durante sus
años en Seattle, entre 1959 y 1964. El estilo de
Lee siempre estaba evolucionando, pero su
creación tomó forma aquí. Kimura enfatiza el
lado filosófico de Lee, oculto a la visión
popular por su alarmante velocidad, potencia y
gracia.
Kimura
dice que tiene dos pies izquierdos y no sabe
tanto, pero cualquiera que haya sentido la fuerza
de su puño controlado o le haya visto realizando
un combate en distancia corta llamado "manos
pegajosas" sabe que eso no es cierto. Chris
Sato, uno de sus instructores asistentes,
conoció a Lee y dice que es la pureza del
propósito de Kimura lo que convierte a este club
en único.
"Taky
siente una proximidad y una responsabilidad hacia
Bruce", dice Sato. "Enseña sin la
polución del dinero o los cinturones. Es
divertido, pero cuando bajas por esas escaleras y
accedes a este modesto sótano te sientes
honorado por estar escuchando las palabras de
Bruce".
Lee fue
tanto un rebelde como un pragmático. Tomaba
prestado de todo tipo de disciplinas de lucha,
incluido la esgrima y el boxeo. Incorporaba
aquello que funcionaba y desechaba lo que no.
Criticó los sistemas de lucha establecidos por
ser demasiado rígidos, restringidos y poco
prácticos para la calle. Él, a cambio, fue
criticado por algunos artistas marciales por
falta de respeto.
Finalmente
creó su propio estilo, el Jeet Kune Do, pero se
negó a llamarlo estilo porque temía que una vez
que lo hiciese, se convertiría en una
limitación. Esperaba que sus alumnos usaran los
principios que él les proporcionaba y luego
experimentaran, usando únicamente las partes que
funcionaran para ellos.
Kimura, no
obstante, se preocupó por que instructores que
nunca tuvieron contacto con Lee se alzasen como
expertos en Jeet Kune Do. Hace 3 años, ayudó a
iniciar el Núcleo del Jun Fan Jeet Kune Do, un
grupo familiares de Lee, estudiantes clave y
amigos, dedicados a asegurarse de que los
principios de su arte no se fragmentasen
demasiado.
"Me
preocupaba que algún día la gente dijese,
'¿Qué demonios estaba enseñando este tipo
Bruce Lee?'. Bruce revolucionó las artes
marciales. Le debemos el perpetuar el sistema tal
y como él lo concibió".
Los dos
hombres eran extremos opuestos cuando se
conocieron aquí a finales de 1959.
Lee tenía
19 años. Había crecido en Hong Kong y llevaba
en Seattle menos de un año. Luchó con la
cultura y la lengua americana, pero estaba seguro
de su destreza en las artes marciales, exquisita
incluso entonces. Era descarado y seguro de sí
mismo, ambicioso y centrado.
Kimura
tenía 36 años, nacido y criado en Clallam Bay,
en la punta noroeste de la Península Olympic.
Trabajaba con sus padres, hermanos y hermanas en
el mercado de First Hill que ahora posee.
Todavía no se ha recuperado de los años que
pasó en un campo de internamiento durante la 2ª
Guerra Mundial. El gobierno de los Estados Unidos
desarraigó a Kimura y su familia el día antes
de graduarse en el instituto.
"Mis
padres solían decirnos de niños que no
esperásemos ser más que simples ciudadanos de
segunda categoría aquí y yo solía discutir con
ellos sobre el tema", dice Kimura.
"Entonces, en un chasquido de dedos,
ocurrió. Todos aquellos años posteriores seguí
sin sentirme igual a los demás. Si notaba a
alguien caminando detrás mía por la calle
tenía que parar, apartarme y dejarle
pasar".
Lee nació
en San Francisco mientras sus padres estaban de
gira con una compañía de ópera china, por lo
que tenía la ciudadanía estadounidense. Algunos
relatos dicen que sus padres lo enviaron a
América porque se estaba metiendo en muchas
peleas callejeras en Hong Kong.
Era un
actor nato. Actuó en 20 películas chinas de
joven y ganó el campeonato de Hong Kong de
cha-cha-cha de adolescente. Era un genio del
movimiento, capaz de copiar, perfeccionar y
explicar virtualmente cualquier movimiento,
incluido el ballet, casi inmediatamente. Era
hiperactivo y presumido y rápidamente llamó la
atención aquí realizando una serie de
demostraciones de artes marciales en festivales y
escuelas.
Kimura,
que estaba estudiando judo, oyó hablar de sobre
Bruce y decidió ver de qué trataba el asunto.
Cuando se conocieron Bruce ya tenía cinco o seis
alumnos informal, muchos de ellos tipos duros de
la calle que conoció en la Escuela Técnica
Edison en Capitol Hill. Practicaban en parques,
aparcamientos, gimnasios públicos, en cualquier
lugar en el que encontrasen espacio. Lee no
cobraba; eran sus amigos y aprendía de ellos
cómo adaptar su estilo contra los luchadores de
estilo occidental. Lee medía sólo 1'70 y pesaba
58 kgs., pero pegaba como un peso pesado.
La primera vez que
se encontraron, Lee le lanzó una serie de
puñetazos ultra-rápidos, deteniendo cada uno de
ellos a unas pulgadas de la cara de Kimura.
Kimura se sintió intimidado a la vez que
fascinado. Se unió al grupo, pero se planteó no
salir por ahí con ellos después de los
entrenamientos. Lee era demasiado frenético,
demasiado adolescente para él.
Poco a
poco, Kimura comenzó a escuchar a Lee,
impresionado no sólo con el taoísmo que podía
destilar, sino por lo directas y aplastantes que
eran sus observaciones. Lee era sincero, incluso
cruel a veces, y casi siempre tenía razón.
Podía diseccionar no sólo un movimiento, sino
también una actitud.
Lee
construyó a Kimura, repitiéndole continuamente
que no era peor o mejor que cualquier otro. Una
vez que estableces un límite, decía Lee, estás
condenado a adherirte a él. Pero para Kimura,
fue la inquebrantable confianza de Lee lo que le
hacía tan hipnotizante.
Lee se
mostraba firme sobre el hecho de cambiar el
estereotipo americano de que los asiáticos como
gente dócil, pero también enfadó a algunos
miembros de la comunidad china de artes marciales
porque insistía en enseñar las técnicas a los
blancos.
Durante
los primeros años aquí, Lee vivió en una
minúscula habitación encima de un restaurante
en Broadway propiedad de Ruby Chow, una amiga de
la familia y posteriormente una concejala de King
County. Trabajó en su restaurante y llenó los
periódicos con propaganda en la sala de correo
del Seattle Times. Asistió a la Universidad de
Washington, donde estudió filosofía.
Cuando Lee
finalmente abrió su primera escuela formal de
gung fu en Seattle, los amigos a los que había
estado enseñado gratis optaron por no seguir. No
querían empezar a pagar por ello o tener que
llamar a su amigo, Bruce, sifu
(maestro).
Kimura
continuó y Lee le convirtió en su instructor
asistente. Kimura sostenía el saco de golpeo en
sus demostraciones. Lee golpeaba a Kimura con su
famoso "puñetazo de una pulgada" y
arriesgaba sus orejas con el nunchaku (bastones
unidos por una cadena). Lee era tan bueno que
solamente lastimó a Kimura una vez.
Cuando Lee
se casó con Linda Cadwell, una graduada del
instituto Garfield, Kimura fue el padrino. Cuando
Lee se mudó a Oakland en 1964 Kimura administro
su club del distrito University enviando todo el
dinero a Lee.
Kimura
cerró el club en 1967 o 1968, cuando Lee
consiguió el papel de Kato en "El Avispón
Verde" (The Green Hornet), y comenzó a dar
clases de artes marciales a estrellas de
Hollywood tales como Steve McQueen y James Coburn
por 275$ la hora.
La serie
de televisión sólo duró un año. Aunque Lee
dejó una buena impresión como Kato, Hollywood
no le ofreció papeles protagonistas, por lo que
volvió a Hong Kong, donde realizó una serie de
películas baratas de artes marciales, pero
clásicas que le convirtieron en una estrella
allí.
Mientras
Lee se hacía famoso, Kimura se convirtió en el
primer importador de mandarinas japonesas de
Estados Unidos desde la 2ª Guerra Mundial. Sus
dos hermanos invirtieron más de 15 años y
100.000$ en allanar el terreno, pero ambos
murieron antes de que el negocio se cerrase.
Kimura lo continuó y se aseguró de que se
realizara. Pocos años después, también se
convirtió en el primer importador de un tipo de
peras japonesas.
Dice que
no podría haber llevado a cabo el proyecto, el
cual involucraba a dos gobiernos, restricciones
comerciales, políticas y negociaciones, si Lee
no le hubiese dado auto-confianza.
Lee
continuó mostrando a Kimura algunas de sus
últimas técnicas, así como pidiéndole consejo
sobre negocios. Le ofreció a Kimura un papel
como enemigo en "Juego Con la Muerte"
(The Game of Death), pero el comerciante lo
rechazó alegando que era demasiado viejo y no lo
suficientemente bueno.
Menos de
un año después, Lee murió repentina y
misteriosamente de un edema cerebral
(inflamación del cerebro) el 20 de julio de
1973, tan sólo unas semanas antes de que su
primera película americana, "Operación
Dragón" (Enter the Dragon), fuese
estrenada. La película fue un éxito y le
convirtió en un icono a nivel mundial.
Kimura se
encontraba trabajando en su tienda cuando
escuchó las noticias. Lee era el mejor atleta,
la persona más indestructible había conoció y
su temprana muerte aumentó la leyenda y fama de
Lee. Inmediatamente, Kimura volvió a sus propias
raíces, convirtiendo el sótano de su club
privado en un centro de entrenamiento, enseñando
lo que él sentía que era Bruce realmente.
El
auténtico Lee, dice Kimura, era más grande que
el mito. Podía estar a un metro de ti, avisarte
de que iba a acercarse y después tocar tu rostro
antes de que pudieses siquiera mostrar miedo. No
necesitaba trucos de cámara. Su arte marcial se
cimentaba en una filosofía flexible. Es por eso
por lo que todavía no ha sido reemplazado.
Algunos de
los otros alumnos de Bruce de Seattle todavía
están involucrados en las artes marciales. Jesse
Glover, su primer alumno, enseña gung fu en su
propio club privado, en el áera de Pioneer
Square. Jim DeMile dirige un Dojo en Aurora
Avenue North y viaja por el mundo enseñando
defensa personal. Ambos son muy leales a Lee a su
propia manera, pero ninguno de ellos resultó tan
afectado cuando se encontraron con él como
Kimura.
Kimura no
solo ha pasado todos estos años fomentando el
legado de Bruce, sino que también ha involucrado
lentamente a su hijo de 26 años, Andy, en el
Núcleo y en el club de los lunes por la noche.

"Puedes
hacer muchas cosas para crear una imagen, pero
cuando te acuestas por la noche eres quien
realmente eres", dice Andy Kimura, que
planea mantener activo el club. "Mi padre
sabe quien es y cuál es su misión en la
vida".
Gente de
todo el mundo sigue arreglándoselas para
encontrar a Kimura y preguntarle sobre Bruce Lee.
Él siempre intenta hacerles un hueco y
ocasionalmente les hace un tour: el primer club
de gung fu, la iglesia del Distrito University
donde Lee se casó, el restaurante donde sus
primeros alumnos se reunían para el dim sum y,
por supuesto, la tumba.
"Estoy
muy sorprendido por como la gente viene aquí y
se pone nerviosa al conocerme porque yo era un
amigo de Bruce", dice Kimura. "Yo le
digo: 'Sólo soy un anciano'".
Quizá ven
a un anciano con un pequeño Bruce Lee en él, o
a un anciano que, manteniéndose fiel a una
amistad, ha logrado vivir una vida que vale la
pena recordar.

Traducción de Jaume Alcalde
de En
El Espíritu de Bruce Lee
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